El trekking de Ciudad Perdida
Subir a Teyuna es un esfuerzo que ha valido la pena. Después de tres días que dieron inicio a una nueva etapa de mi vida (la de ser consciente de mi amor por esto a lo que llaman trekking) he visto en esta sierra a la Santa que salvó mi vida. Este aislamiento geográfico cuna y hogar de cuatro familias indígenas colombianas que conviven aquí en este botón geográfico, con encanto real, que algunos estudios identifican como antigua parte de los Andes: La Gran Sierra Nevada de Santa Marta. Tan alta y cercana al mar, como particular, por su posesión de varios pisos climáticos en tan poco espacio, es un terrario gigante.
Lleno de expectativas, abordé junto a un grupo de mixtura y procedencias variadas un jeep largo que nos llevó desde la oficina principal en la ciudad, junto a nuestro guía asignado y a quien se le uniría en el recorrido una guía más joven luego, sin duda conocedores de estas tierras y nativos de la región. Es la magia que contienen las almas de los caminantes, en cualquier lugar están y suelen mezclarse con otros de la misma manera que los caminos que andan. Franceses, israelíes y colombianos, con quienes después compartimos, otros fragmentos de nuestras vidas, porque si hay algo que dejan los caminos son amigos.
Después de nuestra primera parada para almorzar, en “Machete”, un pueblito que abre la puerta de manera discreta a la selva, nos encaminamos dando inicio a los primeros kilometros del primer día.
Entre momentos de sol, sombra de la foresta, calor húmedo costero y barro transcurrieron 3 días, en los que eran constantes las calcetas empantanadas, algunas botas de montaña “impermeables” puestas a prueba, El grupo de israelíes descubriendo, las aguas corrientosas del río en cuyo camino se cruzaban nuestros pasos (ellos amaron nuestros ríos quizá porque de donde provenían, las cosas son un poco diferentes). Paradas para tomar agua, comer fruta en casas del camino, preparadas para recibirnos como visitantes, una acogida compartida por pobladores de las fincas y de los senderos alrededor. Familias indígenas, nos compartían algo de su mirada y cultura, sus usos y costumbres, en lecciones, preparadas para darnos en sus malokas. Las panorámicas impresionantes, el verde de las montañas que al ojo de un pintor se convierten en diferentes “colores locales”, se nos entraban por los ojos y rebosaban la vista de los caminantes. La profundidad, los parajes, el viento en la cara y el sol picante, completaban la sensación: “La vida es camino”.
ES LA MAGIA QUE CONTIENEN LAS ALMAS DE LOS CAMINANTES EN CUALQUIER LUGAR ESTÁN
Aunque el sentido de aventura no se diluye nunca, la travesía es segura, los guías y traductores, sin importar el grupo que acompañen, se prestan apoyo entre ellos. Las comunidades se encargan de cuidar y preservar la mística del territorio. La Sierra se cierra a visitantes por lo menos una vez al año para “hacer los pagamentos” yo digo que para dejar descansar la senda.
Los albergues, están asignados de una manera organizada, con suficientes, camas o hamacas con mosquitero; la alimentación es muy buena, incluyendo opciones veganas y variadas; el agua está garantizada en cada uno de ellos y hay bastante lugar para la esperanza de secar la ropa al sol si se tiene la suerte. Trae una capa de estas 🧥 En Decathlon no nos pagan por decirlo, pero me lo agradecerás.
El repelente de mosquitos, un básico imprescindible, la bandana que te dejo de regalo en la ciudad, no olvides pedirla si tomas la opción de reservar con nosotros esta aventura, esto sí nos ayuda a seguir haciendo más contenido como este RESERVA AQUÍ.